miércoles, 13 de junio de 2012

UN ARTE OCULTO

Durante mucho tiempo he creído que el arte más difícil de todos era la música; me maravillaba que con tan sólo siete notas se pudieran llegar a crear composiciones tan fantásticas que, unas veces te alegran y otras te hacen soltar alguna que otra lágrima.
 
A medida que pasa el tiempo mis sentimientos han ido cambiando y, en el restringido mundo de las artes, creo que falta una y que, desde mi punto de vista, es la más esencial: el arte de escuchar.
 
odos tenemos la necesidad de que nos escuchen, de poder decir aquello que pensamos o que sentimos sin esperar nada a cambio, sin respuestas, tan sólo tener cerca esa persona que es capaz de estar atenta a aquello que le decimos y, en sus ojos, vemos que realmente nos oye y nos escucha..
 
Hay veces en la vida en que te das cuenta que las personas tienen las orejas simplemente para llevar pendientes, para sujetar las gafas y, en los casos más extremos, para separar la cabeza; pero llega un día, en que sin darte cuenta, encuentras a una persona que realmente tiene las orejas para escuchar y, lo que es mejor, para escucharte.
 
No hay nada más digno de agradecimiento en este mundo que poder expresarte y que alguien te escuche, pero para ello debemos ser los primeros en escuchar y eso no lo enseñan en ningún sitio.
 
Vivimos en el mundo del yo y sabemos conjugar muy bien los verbos: yo digo, yo me quejo, yo protesto, yo pido,... pero ¿dónde está yo escucho?, seguramente perdido en alguna parte de nuestro cerebro.
 
Como personas deberíamos buscar la licenciatura en el arte de escuchar y, al final de nuestra vida, poder decir que la hemos conseguido; no es tan difícil, todos lo llevamos dentro, simplemente tiene que salir al exterior y dejar de oír para comenzar a escuchar.
 
 

martes, 12 de junio de 2012

NO TENGO TRASTERO

En mi casa no hay trastero; sí, ese cuarto que, como su propio nombre indica, sirve para guardar trastos.
 
La mayoría de las personas que conozco tienen trastero en su casa y, casi siempre, protestan por la cantidad de cosas que tienen acumuladas y que no sirven para nada; lo cual viene acompañado de la cantinela: "cualquier día bajo y lo tiro todo".
 
Así tendríamos que ser con nuestros sentimientos, esos que están guardados en un rincón y que, al fin y al cabo, no son más que trastos y que, de vez en cuando, salen al exterior y nos hacen daño.
 
Tendría que existir no un trastero sino un "maravilladero"; un lugar en el que sólo hubiera cosas bonitas que han pasado a lo largo de nuestra vida y que nos gusta ver, tocar; que nos traen sensaciones agradables de tiempos pasados: los dibujos de nuestros hijos cuando eran pequeños, ésos en los que los padres siempre salían con una sonrisa y no eran unos pesados; recuerdos de sitios que visitamos y que nos hicieron disfrutar; pequeñas cosas de nuestra infancia que fueron realmente importantes,...
 
En nuestro corazón y en nuestra mente sólo tendría que haber sitio para las cosas buenas; las personas que aportaron algo especial a nuestras vidas, aquellos pequeños momentos en que fuimos felices y no queremos que desaparezcan, los buenos momentos que pasamos en familia, con los amigos.
 
Suelo ser de las personas que no guardan todo, pero de un tiempo a esta parte he aprendido que lo malo, lo desagradable, aquello que me hace daño, no tiene que tener cabida en el trastero de mi cuerpo; así que me he estoy desprendiendo de todo lo negativo y sólo guardo lo bueno. Es tarea difícil y complicada, pero es algo que ayuda a avanzar, a seguir creyendo en las personas y, sobre todo, en uno mismo.
 
 
 

lunes, 11 de junio de 2012

HAZME COSQUILLAS

Yo, como todos, también necesito reír. También necesito esas manos que se acercan sigilosas a mí y me atacan, me hacen soltar las carcajadas más grandes que haya recordado, hacen que me duela el abdomen y crea que la comisura de mis labios se vaya a romper en dos.
 
Yo, como todos, también necesito tumbarme. También necesito que mi cuerpo se relaje y que disfrute del silencio hasta que alguien lo interrumpa para hacerme reír, para disfrutar, para volver a ser una niño.
 
Yo, como todos, un día fui pequeño, y probablemente, cuando alguien me vio en mi sillita de paseo se acercó y me hizo una cosquillita, a la que yo seguro que respondí con una sonrisa. Fui creciendo y me seguían gustando las cosquillas, incluso llegaba a hacer batallas, a ver quien aguantaba más sin reír (yo siempre perdía).
 
Ahora buscamos quien nos las haga; quien sepa meter esos dedos en nuestro corazón y en nuestro pensamiento y nos haga un simple gesto, algo parecido a una cosquilla, que nos alegre un pequeño rato de nuestras vidas. ¿Por qué no podemos volver a las batallas de cosquillas? ¿Por qué tenemos que ser adultos serios y respetables, sin buscar ese espacio para disfrutar, para sonreír, para soltar una carcajada?.
 
Quizá nos veamos demasiado “mayores” para que venga alguien a hacernos cosquillas, como cuando éramos pequeños; pero se las pueden hacer a nuestro corazón con una palabra amable, con un gesto bonito, con una sonrisa cómplice, con un beso robado,…
 
Hagamos cosquillas a los demás y dejemos que nos las hagan; quizá nuestro perfecto mundo de adultos se verá lleno de alegría y de risas que por un momento nos harán ver lo equivocados que estamos en tantas y tantas ocasiones.

viernes, 8 de junio de 2012

RATÓN PÉREZ

Hoy estamos de fiesta en casa: ¡ Ha venido el Ratoncito Pérez!.
 
Ayer por la noche hubo que dejar al gato con la puerta cerrada para que no lo asustara y así se pudiera llevar el diente y dejar alguna sorpresita. Nervios y más nervios y no poder dormir.
 
Todos en nuestra mente nos hemos imaginado cómo sería ese ratón que es capaz de traer desde una moneda hasta un cuento y a todos nos hubiera gustado ver su casa construida con los dientes que ha ido recogiendo por todo el mundo; y, por qué no, también nos hubiera gustado ser ese ratón capaz de, en una noche, recoger todos los dientes, como pequeños tesoros, y dejar cualquier pequeño detalle a cambio.
 
Luego nos hacemos mayores, y a algunos los ratones pasan a darles asco y pegan chillidos cuando ve alguno. ¿Ya no nos acordamos de la ilusión con que esperábamos al señor Pérez?.
 
Sería bonito poder dejar algo nuestro que ya no necesitamos y, a la mañana siguiente, encontrar una sorpresa maravillosa. Sería bonito no olvidar que alguien tuvo pequeños detalles con nosotros hace tiempo y ahora le damos de lado e incluso, si podemos, le damos hasta masacrarlo.
 
Dejamos marchar de nuestro lado a todos los Ratoncitos Pérez que han pasado por nuestra vida y, con ellos, se van muchas de nuestras ilusiones, poder dar y recibir, poder sentir ese cosquilleo en el estómago que dan las pequeñas sorpresas que alegran nuestra vida diaria, poder enseñar ese feo agujero en nuestra boca que es todo un símbolo de victoria.
Pequeñas cosas en un mundo de pequeños del que los adultos somos cómplices y no queremos que pierdan, pero que nosotros hemos perdido; pequeñas ilusiones como pequeño es el ratón.
 
 

jueves, 7 de junio de 2012

UN ACTO DE VOLUNTAD...

"Nada es producto de la casualidad" siempre despierto con esta frase en mi mente, todo cuanto acontece es producto de nuestros actos, consecuencia de nosotros en el entorno, leí hace poco en un libro que llegó a mis manos producto del destino que "la vida se resuelve con el mismo transcurso de la vida", la convicción en lo que hacemos es el impacto que provoca en nuestro destino, yo estoy conciente que cada hecho que forma parte de mi historia está marcado por un propósito, tal vez en algún momento no acepté las consecuencias, por no parecerme agradables a mi vida, sin embargo, al paso del tiempo, lo he asimilado como parte de mi crecimiento interior, de esta alma tan inquieta que me habita; he tenido personas maravillosas a mi lado, con las que he vivido momentos por demás interesantes, y también experiencias dolorosas en su momento, que sólo han fortalecido la debilidad de mi humanidad, ahora ya superadas. Hay personas que han marcado su huella en mi camino, tomando rumbo parelelo a mi destino, pero sin que por ello hayan salido de mi mente y de mi interior, viven aquí muy dentro, tatuados en un espacio de mi alma, guardado para ellos, decir que son recuerdos, es decir que quedaron en el pasado, y no es así, existen, son parte de mi presente porque los mantengo conmigo, por alguna circunstancia les invoco y permanecen actuales, no son memorias, son objeto de cuanto hago aún sin verles, sin palpar sus manos, sin tocar sus rostros, sin sentir la mirada que penetra mis ojos, tratando de adivinar lo que pienso. 

Que escriba este texto, no es casualidad, sé que pueden por alguna razón leerlo, o escuchar a alguien que lo leyó, o por un juego de manos sobre el teclado, encontrarlo y enterarse que siguen aquí conmigo.


miércoles, 6 de junio de 2012

REDES DE AMISTAD

Para muchos las redes sociales son sitios donde abunda el peligro, donde los delincuentes están a la espera de su presa, donde no puedes encontrar más que tonterías.
 
Yo pertenezco a varias de esas redes sociales que tanto dan que hablar y, sinceramente, para mí es un sitio más de reunión entre conocidos y, hasta en algunos casos, de amigos.
 
Siempre tendemos a ver el lado negativo de las cosas; si nos enteramos de algún caso con final trágico, automáticamente todo pasa a ser igual.
 
Respeto a aquellos que no comparten la creencia de que las redes sociales son algo bueno, pero no estoy de acuerdo con aquellos que dicen que solamente son sitios para perder el tiempo.
 
A través de las redes sociales puedes encontrar a personas maravillosas, al igual que en la vida no virtual; puedes entablar lazos de amistad y conocer un poco más lo que ocurre en el resto del mundo.
 
Igual que en nuestra vida cotidiana huiríamos de una persona que va con un arma, que profiere insultos, que desprecia todo y a todos, en nuestra red social podemos borrar de un plumazo a aquellos que nos hacen sospechar de un comportamiento poco correcto.
 
Seguro que me recriminan que no podemos ver en persona a nuestro interlocutor; pero, en cierto modo, es una ventaja: conoceremos sus opiniones, sus gustos, sus ideas y no nos dejaremos engañar por su físico.

No quiero convencer a nadie para que entre en una red social; ya somos mayores para saber lo que debemos hacer y lo que no;  simplemente evitar que se realicen comentarios sobre algo que no conocemos y que, para muchas personas, es un lugar donde pueden encontrar la amistad que no hay en su vida “real” y que llena ese vacío que da la sociedad actual.

lunes, 4 de junio de 2012

MENTIRAS

Desde pequeños nos enseñan que no debemos decir mentiras, que es algo muy feo. Conforme vamos creciendo nos hablan de las “mentiras piadosas”, ésas que no nos hacen sentir culpables de lo que decimos, pero que, al fin y al cabo, son mentiras.
 
Llegamos a ser padres y volvemos a inculcar a nuestros hijos que no deben decir mentiras, que hay que ir con la verdad por delante.
 
Es extraño, pero somos nosotros los que nos decimos mentiras y nos las creemos; creemos que el día va a ser mejor, que los problemas se van a solucionar, que todo volverá a los tiempos en que no existía ningún contratiempo y éramos felices.
 
Seguimos mintiendo, no a los demás, pero sí a nosotros mismos, quizá por ese deseo que todos albergamos de ser felices, de olvidar las preocupaciones cotidianas, de por unos instantes hacer que nuestros sueños se hagan realidad.
 
Quien no se ha dicho “hoy me va a ir bien”, “esta situación va a cambiar”, “hoy nada me va a fastidiar el día”, y lo hacemos aún a sabiendas de que todo va a seguir igual, que la rutina nos invade, que los sueños se quedan en eso: en meros anhelos.
 
No es bueno mentir; estoy en contra de cualquier tipo de mentira, pero no estoy en contra de los sueños, de intentar hacernos la vida más feliz con ilusiones, con planes de futuro. Es difícil separar esa pequeña línea que hay entre la mentira y la ilusión, entre crearnos sueños y creernoslos, entre mentir y soñar. ¿Quién sabe si siendo mentirosos somos más felices o más desdichados? Lamentablemente sólo el tiempo nos lo dirá; yo, por si acaso, seguiré soñando y diciéndome alguna que otra mentira piadosa.


miércoles, 30 de mayo de 2012

DEMASIADO NORMAL

Adolfo eres fantastico y un ser muy especial que calas en los corazones de las personas que aparecemos por tu vida. Te queremos.

Era una frase demasiado especial que me había dicho en un momento cualquiera de mi vida, coincidiendo con el día de mi cumpleaños, pero que me hizo sentirme la persona más feliz del mundo.

Cuando la leí sentí miedo; miedo a no saber corresponder a ese amor que me estaban brindado; miedo a dejar de ser un bicho raro y ser alguien comprendido; miedo a tener que enfrentarme a mí mismo y a mis sentimientos.

Sentado frente a la pantalla de mi ordenador me quedé bloqueado; mis dedos se habían paralizado y mi mente, creo que por primera vez en mi vida, se quedó en blanco.

Para muchos es difícil entender que una persona sólo quiera en su vida que le den cariño, que a pesar de que pasen los años sigue necesitando abrazos, besos, alguna palabra amable y que todos sus anhelos se reduzcan a eso. Es poco, pero en el mundo en que vivimos es muchísimo.

Siempre he creído que no pertenecía a esta época en la que me ha tocado vivir, en la que el dinero y las apariencias es lo más importante, en la que dejamos de ser nosotros para ser lo que los demás quieren que seamos, en la que nos deshumanizamos y somos seres que sobreviven pero no viven.

Somos muchos los que seguimos siendo soñadores, ilusos en un mundo demasiado práctico y nos toman por locos, por personas que perdemos el tiempo en tonterías.

No tenemos grandes metas, buscamos la felicidad limpia, ésa que no se paga con dinero, ésa que simplemente se consigue oyendo de vez en cuando un ¿qué tal estás?, ésa que nos proporcionan nuestros sueños, ésa que nos permite seguir permaneciendo ocultos en nuestro anonimato y saber que alguien nos quiere, ésa que nos llega cuando alguien nos sonríe.

De pequeño siempre me decían: "Como no se te endurezca el corazón, qué mal lo vas a pasar". Y doy gracias porque no se ha endurecido; porque sigo llorando al oír una canción, porque sigo sintiendo mariposas en el estómago cuando veo a la mujer que amo, porque me sigue emocionando oír de mis hijos la palabra papá, porque sigo pensando que todo el mundo es bueno, porque la vida me da bofetadas pero me levanto y continúo, porque sigo luchando cada día por ser quien soy: simplemente yo, demasiado iluso, demasiado tonto, demasiado ingenuo, demasiado miedoso, demasiado cobarde, pero a la vez demasiado querido, demasiado esperanzado y demasiado normal.


jueves, 24 de mayo de 2012

ANDANDO Y SINTIENDO


Empieza el día, recogido en la madriguera te escribo unas letras para decirte que el día puede ser intenso, como la lluvia en el trópico o como la espera de un enamorado, ese primerizo que quiere decirle tantas cosas a su amada, tantas, y no le sale ninguna.

El silencio me rodea y es como una canción de ausencias o como una balada de pérdidas, pero miro al cielo azul encima de mi cabeza y veo la inmensidad de los vacíos y la pequeñez de las cosas hermosas, veo en mi interior las luchas de siempre, esas de las ideas, y es tanto el alboroto por salir la primera cuando no saben que lo importante no es la primera flor, lo importante es la flor que llega a las manos de la persona amada. Lo importante son los actos, esos de entrega a los demás y a uno mismo, lo superfluo son las palabras, esos adornos para perderse dentro de las tapas de un libro, o en las páginas de un blog.


El mejor libro que he leído estaba sin letras, y se las he dado a lo largo de mi vida,  página a página, lágrima a lágrima, sonrisa a sonrisa, camino que hace nuevos caminos, mujeres que encontré en mi vida, ese es mi libro, los otros son experiencias o sueños de otros, y a muchos los admiro, pero no es nada mío.


Las palabras, a veces, nos regalan los oídos, otras se las lleva el viento al rincón de la nada, pero aún, y eso espero, me quedan unas cuantas páginas que rellenar, unas cuantas vivencias, unos cuantos sueños a tu lado o en soledad, unos cuantos caminos de peregrino que recorrer en el páramo o en la montaña, junto al riachuelo o al lado de mi árbol solitario.


Y me marcho a pasear la salida del sol, y me marcho a mirarte, mujer, y me marcho a mirar paisajes, luces y sombras, y me marcho sin saber donde... pero volveré.


“Ver nacer el sol”
La paz más bella que se puede ver y sentir…

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿DONDE ESTÁ?

¿Por qué tenemos que crecer y perder la inocencia infantiles?, la respuesta es evidente: si seguimos siendo inocentes la sociedad se nos come. Pero no hay nada como las respuestas claras y sin maldad de los niños.

Desde la mayor tontería hasta algún problema grave, todo tiene una solución contundente en el mundo de los pequeños.
 
Cuando a un niño se le pregunta si las cebras son negras con rayas blancas o blancas con rayas negras, no recurren a ningún biólogo o veterinario para que le dé la respuesta, lo tienen muy claro: "Como los pasos de cebra, negras y les pintan las rayas", y tranquilamente continúan con sus juegos.
 
Creo que el mundo sería mucho mejor si, por un tiempo, lo gobernaran los niños.
Ellos son capaces de discutir y a los dos minutos estar dándose abrazos; de decir las cosas a la cara sin plantearse si es o no políticamente correcto y no molestarse por ello.
 
¿Cómo se nos ha podido olvidar tan pronto que nosotros también fuimos niños?
 
Hemos archivado en algún lugar recóndito de nuestra mente que las cosas eran sencillas, que todo tenía solución, que si alguien no quería jugar con nosotros siempre había otro que sí, que hablar en un parque con otro niño desconocido no era ningún problema, que soñar con los ojos abiertos era lo más normal del mundo.
 
Crecemos y todo se vuelve complicado, no vemos salida a ninguno de nuestros problemas, nos sentimos solos en un mundo lleno de gente, intentamos esquivar conversaciones y hasta hemos creado el término "conversaciones de ascensor", no soñamos porque creemos que nunca se van a hacer realidad.
 
Y todos lo sabemos, y ninguno hacemos nada.
 
Si soñamos, nos tachan de ilusos; si no le damos importancia a los problemas, somos unos dejados; si intentamos entablar una conversación con algún desconocido, somos unos tarados.
 
¿Dónde está lo que un día fuimos?. Lo hemos dejado morir y, para desgracia nuestra, seríamos mucho más felices si aún estuviera con nosotros.